jueves, 20 de marzo de 2014

Opinión. EL LEGADO DE CRISTINA O COMO SER UN "PROGRE" K

                                                Escribe: Osvaldo Igounet
   
     Creo que todos hemos caído en la trampa del gobierno. De una manera u otra todos creímos que en estos meses finales, con la salud no tan firme como otrora, el poder diluyéndose de a poco y la sucesión presidencial abierta y en marcha descaradamente en el peronismo y también en el kirchnerismo, todos pensamos que Cristina, por fin, dejaría de pensar en ella nada más para intentar volverse una estadista que piensa en su país a futuro, aunque eso lo haga mal y tarde. Nos equivocamos. Cristina no cambió, su gobierno tampoco y si eso pudiera ser posible, ahora están todavía peor que antes.


                                            Milani y Hebe, puro progresismo K.



    Cristina sigue pensando egoístamente en "su" legado a la posteridad y en su bienestar pos presidencia (bienestar que en términos políticos significa no pasear por tribunales, no ir presa y en particular que no le confisquen los dineros, valores y bienes que no pueda justificar luego de una investigación verdadera, profesional y autónoma); como estamos en Argentina es muy probable que esta segunda preocupación sea innecesaria de allí que ella siga pendiente de su legado...

  ¿Pero qué legado es ese?. Mi primera reacción ante esa pregunta es otra ¿tiene un legado que dejar? y la respuesta es sí. Ella quiere ser recordada por cosas que le parecen importantes pero que en general la ciudadanía desconoce o rechaza: haber sido la presidenta que volcó y desarmó la estatua de Colón, la que permitió la destrucción del Indec solo  para negar una inflación palpable y concreta, ser la presidenta que se comporta en el mundo como si gobernara un imperio al mismo tiempo que mendiga atención y préstamos, la que volvió al Mercosur un elefante rengo que no llega a tomar agua, la que ordena desproteger las fronteras para cuidar el conurbano y cuando esto no funciona ordena desproteger al conurbano para cuidar las fronteras y así año tras año, la que niega la corrupción, la inseguridad, el narcotráfico y la mujer (creo único caso en el mundo) que pasa de hablarle "al pueblo" que colma la Plaza de Mayo a hablarles a los militantes que abarrotan el pequeño Patio de la Palmeras, viviéndolo como una victoria y no como lo que es: un retroceso. También es la presidenta que nos quiso legar la reforma de los dos códigos más importantes el Civil y el Penal, instalando su nombre en los futuros manuales de historia, libros que en lugar de compararla con Alberdi deberán contar como la ciudadanía rechazó ambos engendros, especialmente el último. Es la presidenta que quiere que la posteridad la recuerde como una mujer progresista aunque viva como una concheta de Puerto Madero ( en términos peronistas está más cerca de las damas de beneficencia que de Evita) pero con plata oscura. Una progresista que gobierna con los servicios de inteligencia del ejército, algo estrictamente prohibido, comandados por un militar sospechado de cometer delitos de lesa humanidad durante la última dictadura. El progresismo de Cristina es tan real como el ateísmo de Francisco.


                                                 Más progresismo K

    Pero hay otros legados que la presidenta y su administración si nos están dejando en este fin de ciclo. Un legado negro y pérfido, del que todos somos víctimas y ese legado tiene un título y tiene una explicación: nos vamos, no nos quieren más, ahora sufran y jodánse. Y en pos de este postulado el gobierno nos regala cosas como esta: combate una inflación que dice que no existe con una recesión planeada y ajustes de salarios (muy progresista en verdad), endeuda al país por 33 años por el pago de YPF después de haber dejado durante diez años que Repsol nos robara y encima lo hace mal para que paguemos más, nos hereda un Banco Central tendrá al final de su mandato tantas reservas en sus cuentas como el saldo de mi caja de ahorro, sino fogonea al menos tolera una huelga salvaje de los docentes provinciales con tal de complicarle la vida a Scioli, nos oculta en forma permanente su real estado de salud, no combate al narcotráfico porque no existe, según el gobierno, por ejemplo Capitanich dijo los otros días textual: "no todos los vuelos ilegales son del narcotráfico" ahá y ¿cómo lo sabe?, ¿si no son de la droga de qué son?, ¿contrabando? ¿y qué contrabandean?; gente no porque acá todos entran y salen como quieren, ¿whisky importado, cigarrillos paraguayos, bolsones con dólares negros, a Lázaro Baez?, Capitanich podría aclararme estas dudas...

     Al negar al narcotráfico también nos legan la violencia que el mundo narco genera y el sistema de corrupción político-policial que el mundo narco provoca. Uno podría decir gracias presidenta, antes éramos Buenos Aires, ahora ya somos como la vieja Río de Janeiro y estamos a un tris de ser Ciudad Juarez. ¿por qué no lo publicita en Fútbol para Todos?. La verdad es que la única preocupación real de la presidenta parece ser que no le exploten en la cara sus propios desaciertos, conservar la mayor cuota de poder posible hasta el final de su mandato, incidir y/o decidir en su sucesor y tratar de que gane, y no mucho más que eso. Preocuparse por un país que no le "regaló" otro mandato, que esta harto del kirchnerismo y al que ella siente malagradecido, suena ilógico un su razonamiento, quizás por eso hubo en estos carnavales un último acto presidencial de seudoprogresismo que demuestra lo maquiavélico que es el cerebro de Cristina y lo tontos que son quienes dicen comprenderla: permitió que en viejos campos de concentración como El Olimpo las murgas festejaran el carnaval, así como nuevos asados en el vieja Esma, porque "está bueno traer alegría donde hubo muerte" explicaron desde el gobierno, pero en simultáneo se fue a Río Gallegos a "festejar" el cumpleaños de Néstor Kirchner en el mausoleo que hizo Lázaro Baez. Estuvo una hora a solas y en silencio, no permitió ninguna "fiesta de cumpleaños" que seguramente la militancia con beneplácito hubiera realizado. Típico de ella, algunos muertos merecen ruidosas murgas y otros silencio recoleto...

    Resumiendo la herencia que nos parece estar legando es tierra arrasada en lo moral, en lo económico y en lo concerniente al orden y la seguridad. Más que Cristina Kirchner debería llamarse Sra Atila, lástima que nadie parece darse cuenta o no tienen el valor de exponerlo.

   Salute la barra y sálvese quien pueda, Cristina gobierna y en retirada. Uy, uy, uy...

Osvaldo Igounet
IGOUNETNOTICIAS.COM
copyrigth 2014

1 comentario:

  1. rabbani parece un tipo macanudo; ¡qué buen tipo! ¡un tipo pensante!, ¿no?...

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