lunes, 5 de mayo de 2014

PREOCUPA LA HERENCIA DE CRISTINA

                                                  por Osvaldo Igounet


   Cristina se va, su gobierno y su etapa histórica tienen fecha de vencimiento, dejarán de ser para cuando termine el 2015, plazo que indica la Constitución pero que se vislumbra muy lejano sino fuera por la buena voluntad que la dirigencia política, el pueblo  y la estructura de la Iglesia muestran todos los días. En el mundo de las sotanas siempre está vigente el dilema de "cuidar a Cristina" que se traduce entre cuidar la gobernabilidad y decir la verdad en todo su dimensión y crudeza. No es sencillo para la Iglesia (ni para nadie) alertar sobre los inmensos índices de pobreza e indigencia, por citar un caso, y a la vez mantener estable la salud institucional de la República. Al derecho o al revés, los resultados de la gestión presidencial de Cristina no pueden más que atentar contra su gobierno, justo cuando el fin de ciclo la vuelve más vulnerable.

                                        Francisco preocupado por Cristina

    Como analista yo no soy tan magnánimo, Cristina tiene los resultados que tiene fruto de su terquedad, su torpeza, su soberbia y las altísimas dosis de ineficacia y corrupción que permitió, alentó y aún cobija en su gobierno y por ende poco margen queda para la misericordia mal entendida. La institucionalidad deberá encontrar la manera de sobrevivir hasta diciembre del año próximo sin que por eso se disimule las barrabasadas del kirchnerismo cristinista.

   Es más importante pensar quien estará preparado para gobernar en el desastre que queda que en asfaltarle la salida a la presidenta. Ella cubrió de ripio este camino, ahora que aprenda a caminar sobre él con sus tacos altos o se avenga a ponerse zapatillas. Al menos desde este espacio informativo si bien comprendemos no adherimos a la preocupación papal de cuidar a Cristina; aunque desde ya esperamos que los preceptos constitucionales se mantengan en todo momento.

   A hoy la herencia puede resumirse en:

... Cerca de 60% de la población sufriendo penurias económicas y sociales -casi treinta millones de persones- si 30 MILLONES DE PERSONAS; que se pueden subdividir en 16 o 17 millones de pobres y 13 o 14 millones de indigentes.

... Desperdicio absoluto de las posibilidades de crecimiento y desarrollo económico y social que el mundo le ofreció al país a pesar de la crisis mundial. Se perdieron mercados lácteos, cárnicos e industriales.

... Despilfarro injustificable entre corrupción y torpeza de presupuestos enteros como los asignados a la educación, la vivienda, la salud y la seguridad, mientras que se favoreció iniciativas de dudosa urgencia como Aerolíneas Argentinas, los fastos del Bicentenario o la remodelación faraónica de la Casa Rosada, sin contabilizar en este ítem los gastos en trasporte aéreo que la familia presidencial y allegados hacen en todo lugar y momento.

... Pérdida absoluta de la concepción filosófica de la responsabilidad, el trabajo y el esfuerzo a manos del ahora y servido en bandeja. Y con esto la pérdida del sentido de premios y castigos. El estado financia planes de nula eficacia pero que además no controla. Una plan social que paga X cantidad de dinero para ir a estudiar no suele perderse por no estar estudiando, por ejemplo. Hay miles de planes de todo tipo dados de baja, pero se trata de sanciones del a política clientelar de cada puntero u organización, no de controles reales y temáticos de cada plan asistencial.

... Pérdida de parámetros morales y judiciales. Ahora es inaceptable sancionar al delito y al delincuente, no importa la gravedad del delito cometido, del más leve al más atroz; no importa el prontuario del delincuente siempre la tendencia es al no castigo, la no reprobación y en ese sentido avanza la reforma del Código Penal. Ahora todo es justificable, antes una necesidad justificaba un reclamo, ahora una necesidad aunque provenga del capricho o el vicio, justifica un delito. Robes y mates para comer o para drogarte es igual, siempre habrá un sistema judicial dispuesto a liberarte e incluso a no condenarte; tal como el discurso K sugiere.


                                            Cristina sigue discurseando

    Y a este recuento podríamos agregar el problema de la inflación, el desempleo creciente, la inseguridad crónica, los miles y miles de nini que pululan por allí, la Cámpora, la ideologización barata de cada tema, la falta de inversiones, etc, etc, etc. Todo esto constituye la verdadera herencia que deja este gobierno que llegó con tanta expectativa y se irá con tanta desilusión, un gobierno que después de doce años en el pode todavía habla de la herencia recibida de los noventa o el 2001 como si ellos hubiesen asumido ayer y no el 25 de mayo del 2003.

   Yo sé que el Papa Francisco cree que cuidar a Cristina es proteger la salud social del país, pero la presidenta encabeza un gobierno desastroso, como mínimo, y ya me parece demasiado que a toda la impunidad que se fabricaron le sumemos, además, nuestros pruritos. Son un gobierno de baja calidad, llenos de errores conceptuales y de gestión, viciados de corrupción y abuso de poder y deben asumirlo ellos y sus votantes. Si eso complica o no la salida nome parece relevante.

Osvaldo Igounet
IGOUNETNOTICIAS.COM
copyrigth 2014
 

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