LA GOBERNABILIDAD TIEMBLA CUAL FLAN CASERO
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El presidente Alberto Fernández se va quedando solo, rodeado de esos cuatro o cinco amigos de la vida que el periodismo suele llamar con optimismo el albertismo. Un "ismo" vacío de contenido en tanto su propio inspirador se niega a dejarlo nacer. Cristina cree que Alberto la traicionó al acordar con el FMI y su umbral de tolerancia llegó a su tope. Antes ella ya lo consideraba el principal funcionario que no funciona dado que no la ayudo a alivianar su situación judicial, la gestión diaria deterioró la economía de su electorado al punto de dar por perdida la presidencial del año próximo. La vicepresidente está enojada, decepcionada e impotente; 20 diputados y 13 senadores leales no alcanzan pasa marcarle la cancha a nadie; su poder real parece resquebrajarse como los vidrios de su apedreado despacho. Ya no inspira el miedo paralizante de antaño. No confundir,...